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El blog político de un emprendedor social


Israel Descarrila

En este blog he criticado mucho la política del gobierno de Israel. Siempre lo he hecho como judío de la diáspora que ve a Israel con amor, pero también con desencanto, especialmente desde que Sharon y ahora Olmert gobiernan este país en conflicto contra dos organizaciones, una que en mi opinión lleva una causa justa –la de los palestinos–, y otra que lleva una causa provocadora e injusta, la de los libaneses de Hizbolá. Con este espíritu creé Jews for Lebanon para canalizar mis donaciones y las de otros judíos o no judíos y ayudar en la reconstrucción de El Líbano, ya que la mayoría de los ciudadanos de este país no participó en el ataque del grupo terrorista Hezbolá, pero si fueron víctimas de la respuesta.

Creo que es importante para judíos como yo apoyar a los libaneses que no son extremistas a que logren tener un país independiente –y no invadido por Siria– y a los palestinos que no son extremistas a que tengan un país independiente –y no invadido por Israel–.Pero, últimamente, debo reconocer que ya no podía más al ver al gobierno de Olmert cometer barbaridades injustificables y estaba por escribir lo que pensaba sobre ellas hasta que leí una crítica –desde adentro de Israel–, que me pareció mucho mejor escrita y acertada de la que podría escribir yo desde afuera. Se trata de un artículo salido en El Pais de David Grossman. Aquí va.

EL PAÍS – Opinión –

Al recordar anualmente a Isaac Rabin, los israelíes nos miramos a nosotros mismos. Este año mirarnos a nosotros mismos no resulta nada fácil.

Hubo una guerra. Israel demostró un enorme poder militar, pero también descubrió su fragilidad y su impotencia. Vimos que, a fin de cuentas, nuestro Ejército era incapaz de asegurar nuestra existencia. Pero sobre todo entendimos que Israel se halla en una profunda crisis, mucho más profunda de lo que creíamos, tal vez la peor de su historia.

Mi amor por esta tierra es difícil, complicado y rotundo. El pacto que siempre he tenido con esta tierra se ha convertido, desgraciadamente, en un pacto de vida o muerte. No soy en absoluto religioso, pero aun así creo que el establecimiento y la mera existencia del Estado de Israel son una especie de milagro que nos ha ocurrido como pueblo, un milagro político y humano. Esto es algo que nunca olvido, ni siquiera cuando muchos aspectos de nuestra realidad me soliviantan y me deprimen, ni cuando el milagro se va desgranando en pedazos de cotidianeidad, miseria, corrupción y cinismo. Incluso cuando la realidad parece una mala parodia de ese milagro, no me olvido de él.

«Contempla la tierra, que tanto hemos malgastado», escribió el poeta Shaúl Tchernijovsky en 1938. Se lamentaba de que en la tierra de Israel, en su seno, enterrásemos una y otra vez a hombres jóvenes, en la flor de la vida. La muerte de los jóvenes supone un precio terrible, pero no menos horrible es la sensación de que el Estado de Israel lleva años y años sacrificando no sólo la vida de sus hijos sino también el milagro que le alumbró: la gran y extraña oportunidad que le brindó la historia de establecer aquí un Estado civilizado y democrático que se guiase por valores judíos y universales. Un Estado que fuera un hogar nacional para los judíos, pero no sólo en el sentido de un refugio sino en el de un lugar que diese un nuevo significado a la realidad judía; un Estado en el que parte importante de su esencia e identidad, de su ética judía, fuera un trato de respeto y plena igualdad a sus ciudadanos no judíos.

Y miren lo que ha pasado. Un país joven, atrevido y vitalista ha sufrido un proceso de envejecimiento prematuro.

¿En qué momento perdimos hasta la esperanza de que algún día podríamos tener una vida diferente, una vida mejor? Y aún más importante, ¿por qué hoy miramos indiferentes e hipnotizados cómo la locura, la rudeza, la violencia y el racismo se adueñan de nuestro hogar?

¿Cómo es posible que un pueblo con tanta capacidad de creación y renovación como el nuestro, un pueblo que ha sabido levantarse de las cenizas una y otra vez, se halle ahora, precisamente cuando posee un poder militar tan grande, en tal estado de debilidad e impotencia? De nuevo somos las víctimas, pero en esta ocasión somos víctimas de nosotros mismos, de nuestros miedos, nuestra desesperación y nuestra miopía.

Una de las peores cosas que ha revelado esta última guerra es que actualmente «no hay rey en Israel», es decir, nuestros jefes, políticos y militares, están vacíos. Y no hablo ahora de sus evidentes negligencias durante la guerra, ni de los grandes y pequeños casos de corrupción. Hablo de que las personas que hoy gobiernan Israel no son capaces de integrar los aspectos saludables, revitalizantes y fértiles de la identidad israelí, esos elementos de la memoria histórica que podrían dar fuerza e ilusión y que darían algún significado a la lucha agotadora y desesperante por la supervivencia.

Nuestros líderes se caracterizan por el miedo y la intimidación, por el guiño del negocio sucio, por el mercadeo de todo lo que más apreciamos. No son realmente líderes, y, desde luego, no son los líderes que necesitamos en una situación tan complicada y carente de rumbo como la nuestra. A veces, parece que lo que realmente les importa ocupa el minúsculo espacio entre dos titulares de periódico o entre dos investigaciones del fiscal general del Estado. Quiénes nos gobiernan -no todos, por supuesto, pero sí la mayoría- se muestran asustados, reticentes, inquietos. Resulta ridículo pensar que de ellos surja alguna visión o idea original, osada, de altas miras.

Señor primer ministro de Israel, no digo esto movido por la ira o la venganza. He aguardado cierto tiempo para no hablar llevado por el arrebato. Usted no podrá menospreciar mis palabras aludiendo al dicho de que «no se debe juzgar a un hombre cuando está sufriendo». Sí, claro que estoy sufriendo, pero más que rabia lo que siento es dolor. Me duele esta tierra y lo que usted, señor primer ministro, y sus colegas le están haciendo.

Isaac Rabin emprendió el camino de la paz con los palestinos no porque sintiera un gran aprecio por ellos o por sus líderes. También entonces, la opinión mayoritaria era la de que no había interlocutor serio entre los palestinos ni nada de lo que hablar con ellos. Pero Rabin decidió dar el paso porque comprendió, con gran tino, que la sociedad israelí no podría mantenerse durante mucho tiempo en una situación de conflicto sin solución. Entendió, antes que muchos otros, que vivir en un clima constante de violencia, ocupación, terrorismo, miedo y desesperanza implicaba pagar un precio que Israel no podía pagar.

Llevamos muchos años viviendo en plena lucha. Hemos nacido en mitad de la guerra, hemos sido educados en ella y, en cierto sentido, hemos sido programados para ella. Tal vez por eso pensamos a veces que esta locura es lo único verdadero, la única vida que podemos tener, y que no tenemos la posibilidad o incluso el derecho a aspirar a una vida distinta. Por nuestra espada viviremos, por nuestra espada moriremos y siempre la espada vencerá.

Quizá eso explique la indiferencia con que asumimos el rotundo fracaso del proceso de paz, un fracaso que dura ya años y que cada día se cobra más víctimas. Tal vez eso explique también que la mayoría de nosotros no haya reaccionado ante el brutal golpe que ha sufrido nuestra democracia con el nombramiento como ministro de un tipo como Avigdor Liberman, que es algo así como nombrar jefe de los bomberos a un pírómano.

Éstos son algunos de los factores que han hecho que en poco tiempo el Estado de Israel se esté mostrando tan cruel con el débil, el pobre, el que sufre. La indiferencia por la suerte de la gente que pasa hambre, los ancianos, los enfermos, los minusválidos, la no reacción ante el tráfico de mujeres o las pésimas condiciones laborales de los trabajadores extranjeros o el racismo institucionalizado hacia la minoría árabe; todo esto ocurre con total naturalidad sin que nos espantemos ni protestemos. Y empiezo a pensar que, aunque la paz llegue mañana, quizá ya sea tarde para que nos curemos del todo.La desgracia que se ha abatido sobre mi familia, con la pérdida en la última guerra de mi hijo Uri, no me da un derecho particular a opinar, pero creo que el enfrentarse a la muerte de un ser querido brinda cierta lucidez, al menos a la hora de distinguir entre lo importante y lo superfluo, entre lo que se puede o no conseguir, entre la realidad y la fantasía. Toda persona cabal, tanto israelí como palestina, sabe en el fondo diferenciar entre los sueños y los deseos y entre lo que se puede lograr realmente tras unas negociaciones. Quien no lo sepa diferenciar, sea israelí o palestino, ya no es un interlocutor sino alguien encerrado en su hermético fanatismo y, por lo tanto, no puede participar en una negociación.

Veamos ahora quién se supone que es ahora nuestro interlocutor. Los palestinos eligieron a Hamás, que se niega a negociar con nosotros y que incluso no reconoce la existencia de nuestro Estado. ¿Qué se puede hacer en una situación así? ¿Qué alternativa nos queda? ¿Seguir asfixiándolos más y más? ¿Continuar matando a cientos de palestinos en Gaza, la mayoría civiles inocentes como nosotros?

Diríjase a los palestinos, señor Olmert. Diríjase a ellos pasando por encima de Hamás. Diríjase a los palestinos moderados, a esos que al igual que usted y yo se oponen a Hamás y a su política. Diríjase al pueblo palestino. Diríjase a sus heridas profundas, reconozca su constante sufrimiento. Ellos y nosotros abriremos un poco nuestros corazones, y eso posee una fuerza enorme. La simple compasión, precisamente en medio del odio y la parálisis, tiene un poder tremendo. Por una vez mírelos no a través del objetivo de un fusil, y entonces verá un pueblo no menos castigado que el nuestro. Un pueblo ocupado, oprimido, sin esperanza.

Por supuesto que los palestinos también son culpables de que nos encontremos en un callejón sin salida. Por supuesto que también ellos tienen una parte importante de culpa en el fracaso del proceso de paz. Pero por un momento, mírelos de otra forma. No se fije en los extremistas, fíjese en la mayoría desgraciada de ese pueblo. Nuestro destino está ligado al suyo, queramos o no.

Acérquese a los palestinos, señor Olmert, deje de buscar todo el rato razones para no hablar con ellos. Usted renunció a un repliegue unilateral, e hizo bien. Pero ahora no deje un espacio vacío, porque enseguida se llenará de violencia y destrucción. Hable con ellos. Ofrézcales una propuesta que puedan aceptar los palestinos moderados, que son muchos más de los que nos muestran los medios de comunicación. Presénteles una propuesta así y que ellos decidan si aceptan o si prefieren seguir siendo rehenes del islamismo fanático. Vaya a ellos con el plan más osado que Israel pueda plantear, un plan con todo lo que Israel puede ofrecer. Si se demora en hacerlo, dentro de poco nos daremos cabezazos contra la pared diciendo: ¿por qué no fuimos más flexibles, por qué no utilizamos nuestra creatividad para sacar a nuestros enemigos de su propia trampa?

Así como hay guerras irremediables, hay también paces irremediables. Porque no hay más remedio. Ni ellos ni nosotros tenemos otra opción. Y a una paz irremediable hay que salir con la misma tenacidad con que se sale a una guerra irremediable. Y ya no hay más remedio. Y quien crea que no es así y que el tiempo juega a nuestro favor, no capta los peligrosos procesos en que estamos metidos.

Y por otra parte, señor primer ministro, quizá haya que recordarle que si cualquier líder árabe hace el más mínimo gesto de paz, usted debe responder a él, debe inmediatamente comprobar si es un gesto sincero y serio. Porque usted no tiene el derecho moral de no tomar en consideración un gesto de paz. No puede hacerlo por respeto a todos aquellos a los que va a pedir que sacrifiquen su vida en la próxima guerra. Por lo tanto, si el presidente Assad dice que Siria quiere la paz, usted, le crea o no, debe pedirle un encuentro en ese mismo instante. No espere ni un solo día. Pues cuando emprendió esta última guerra, no esperó ni una hora siquiera. Salió con todo el arsenal militar, con todo su potencial de destrucción. Entonces, ¿por qué cuando hay cualquier atisbo de paz usted lo infravalora, no lo considera? ¿Qué tiene que perder? ¿Desconfía del presidente sirio? Ofrézcale una propuesta que descubra sus verdaderas intenciones. Preséntele un plan de paz que dure varios años y que sólo al final, cuando se vea que acepta realmente todas las condiciones, le devuelva el Golán. Apoye a los sirios moderados, que también los hay. Intente modelar la realidad en vez de ser simplemente parte de ella. Para eso fue elegido, para eso precisamente.

La mayoría de los ciudadanos de Israel ya han comprendido qué es lo que hay que hacer para acabar con el conflicto: dividir la tierra para que se establezca un Estado palestino. Entonces, ¿por qué seguir debilitándonos con el enfrentamiento? Desde aquí les pido a todos los que me escuchan, a los jóvenes, que han vuelto de la guerra y que serán de nuevo quienes paguen el precio de la próxima guerra, a los ciudadanos judíos y árabes de Israel, a la derecha y a la izquierda: deteneos por un momento, mirad el borde del abismo, pensad en que estamos a punto de perder aquello que hemos creado aquí, preguntaos si no ha llegado ya la hora de salir de nuestro estancamiento y exigirnos, por fin, poder vivir la vida que nos merecemos.

David Grossman es escritor israelí. Este texto es un amplio extracto de su discurso en Tel Aviv, en el 11º aniversario del asesinato de Isaac Rabin. Traducción: Sonia de Pedro.

Publicado en Política Internacional el 13 noviembre, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en Israel Descarrila | TrackBack

El 11 de Septiembre, ¿El Día en el que no Cambió Nada?

Hoy se conmemora el triste quinto aniversario de la masacre del 11 de Septiembre y me encuentro con este curioso artículo de la revista Foreign Policy, que dirige el genial Moisés Naim, y que me hizo pensar mucho.

La idea principal de William J Dobson, el autor, es que uno de los mitos más grandes del 11 de Septiembre es que «todo cambió», que la gente viaja menos, que Estados Unidos se cerró y no da visas, que los mercados financieros fueron dañados de una manera considerable, que el comercio mundial empezó a retroceder. Pero lo original del artículo es que se dedica a destruir estos mitos punto por punto y con información bastante fiable.

Pensando en los familiares de los muertos del 11-S creo que la opiníon de Dobson puede ser interpretada de dos maneras diferentes. La primera, como una falta de respeto hacia ellos para quienes TODO cambió, aunque no creo que es la intención del escritor cuando dice que el 11-S es el «día que no cambió nada». La segunda, menos obvia pero quizás más feliz, es que el «mundo siguió andando» –como decía el tango– y eso no es malo ya que en ese sentido, los terroristas no triunfaron.

Pero la óptica de que nada pasó es muy diferente a la que se refleja en la novela que estoy leyendo y que espero que traduzcan pronto al castellano, llamada «Extremely loud and incredibly close» (algo como «cercano y ruidoso»), en la que la tragedia del 11-S se vive desde los ojos de un inteligentísimo pero muy triste niño de 9 años. El terrorismo es así, para los que no le toca es una teoría, para los que les toca y sobreviven es un dolor cotidiano que no cesa.

Ahora también los muertos civiles de las invasiones a Afganistán e Irak, o la reciente invasión de Israel a Líbano, tampoco están con nosotros y somos muchos los que nos preguntamos si las políticas de Estados Unidos e Israel no han agravado el fenómeno a nivel internacional. El resultado que comenta Dobson –que hayan habido más de 18.000 muertos en atentados terroristas desde el 2001, pero sólo 8 en Estados Unidos– es para mi una señal de que mucho sí cambió el 11S y fue que Estados Unidos sobrereaccionó e hizo de un problema grave otro mucho peor que, por ahora, se manifiesta donde puede: en Medio Oriente, en Madrid y en Londres.

El terrorismo necesita de jóvenes furiosos para crecer como fenómeno. Las políticas de Estados Unidos e Israel han hecho que gente marginada, como Osama Bin Laden o Nasralla, sean hoy ídolos de multitudes aumentando el peligro de que el próximo 11-S sea aún mucho más devastador. Así es como los próximos Mohammed Attas nos pueden llegar armados, no con 100 toneladas de combustible, sino con un dispositivo nuclear.

Sea como sea, Europa, Estados Unidos e Israel tienen que encontrar una manera de tratar con el fenómeno del terrorismo sin agravar el problema que tratan de solucionar.

Publicado en Política Internacional el 10 septiembre, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en El 11 de Septiembre, ¿El Día en el que no Cambió Nada? | TrackBack

Estados Unidos y Europa: Inmigración

En FON estamos teniendo serios problemas para traer gente de Estados Unidos a trabajar en España. Lo mismo nos ocurre al revés, cuando queremos llevar a europeos a trabajar a Estados Unidos. Esta situación es absurda, ya que si Estados Unidos y Europa abrieran sus fronteras mutuamente no habría ninguna migración masiva en ninguna de las dos direcciones.

Creo que es hora de que USA y la UE hagan un acuerdo para que la gente pueda moverse en libertad de un continente a otro. La inmigración balanceada enriquece a los países. Me imagino que el problema reside más del lado de Estados Unidos. Europa creó la Unión Europea, entre otras cosas, para facilitar el libre movimiento de sus ciudadanos entre mercados laborales. Estados Unidos creó a NAFTA para que los mejicanos tuvieran más trabajos en las maquiladoras y se quedaran en Méjico.

Publicado en Política Internacional el 6 septiembre, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en Estados Unidos y Europa: Inmigración | TrackBack

Israel Perdió la Guerra

Israel es un país que ha sido gobernado por políticos y militares que crecieron preguntándose cómo es posible que 6 millones de personas hayan marchado hacia la muerte sin haberse resistido en la mayoría de los casos. Quizás este hecho explique por qué los líderes israelíes están dispuestos a sobredimensionar las respuestas luego de ser atacados y por qué Israel pierde constantemente la batalla que más importa en la actualidad: la batalla en los medios, la de la opinión pública, inclusive contra dos candidatos que no gozan de una gran reputación internacional, como lo son Siria e Irán.

Hezbollah secuestró a dos soldados y lanzó 3 misiles al norte de Israel, lo cual podría considerarse un incidente menor. Como respuesta, Israel invadió El Líbano, mató a más de mil civiles, causó daños por más de mil millones de dólares y logró, de esta manera, que un gran porcentaje de la población libanesa que antes no apoyaba a Hezbollah ahora lo haga. Hezbollah como movimiento necesita de dos factores, uno es el apoyo monetario de Siria e Irán y el otro son jóvenes enfurecidos con Israel. Luego del tremendo daño que Israel causó en El Líbano, Hezbollah tendrá ahora más de ambos, especialmente ahora que muchos libaneses ven a Hezbollah como la única fuerza capaz de defender a su país.

Publicado en Política Internacional el 24 agosto, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en Israel Perdió la Guerra | TrackBack

Nadie Murió cuando Clinton Mintió

En Estados Unidos es muy común expresar tus ideas poniendo pegatinas en tu coche. Cuando estaba en Los Angeles vi esta. La nostalgia a la época Clinton se vive cada vez más en ese país.

Clinton Lied.JPG

Publicado en Política Internacional el 21 agosto, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en Nadie Murió cuando Clinton Mintió | TrackBack

El Problema de Israel, Líbano, Hizbolá y los Palestinos

El problema actual de la guerra entre Israel y Líbano es el de la guerra entre un país y una organización guerrillera escondida entre civiles de otro país. Cuando ocurren estas situaciones las armas de guerra convencionales fracasan, los guerrilleros se esconden entre civiles y los civiles mueren.

La estrategia de Israel actual es como querer curar enfermedades virales con antibióticos. Pero por otro lado entiendo la desesperación de Israel donde llueven cientos de cohetes diarios sin que pueda hacer nada para defenderse. La infraestructura que hace falta para lanzar un cohete desde Líbano no parece ser muy diferente que para lanzar fuegos de artificio y en cualquier momento desde cualquier sitio lanzan otros. Lo que demuestra el conflicto actual de medio oriente es que de poco sirve la gran ventaja tecnológica de los ejércitos modernos contra tres tipos de armas muy baratas y de gran disponibilidad que son las bombas para hacer coches bombas y hombres bomba y los cohetes. Con estas armas gente que representa la minoría de la opinión pública libanesa, los chiitas que son un 30% y no todos de Hizbolá, puede hablar por la mayoría. Por otro lado la enorme contraofensiva israelí ha logrado que la mayoría de los libaneses simpaticen con Hizbolá.

Otro tema que me parece paradójico de esta guerra es que los Libaneses en general, incluyendo los chiitas tienen aún encerrados a 400 mil palestinos en Beirut en los campos de refugiados. Entre estas fotos de mi visita a Líbano hay algunas que muestran el estado en el que están los campamentos libaneses de refugiados palestinos. En los últimos años he visto palestinos en Israel, en Jordania, he estado con miembros del gobierno palestino en Ramallay e inclusive con gente de Hamas, también visitado los barrios palestinos de Beirut. El lugar donde peor están los palestinos de lejos es paradójicamente en Beirut donde no se los deja trabajar ni se les ofrece participación ciudadana. Beirut es un infierno para los palestinos. Pero interesantemente Hizbolá no ayuda a los palestinos. En Líbano hay un desprecio generalizado de muchos grupos culturales hacia los palestinos que son como los «parias» del Líbano. Gente obligada a residir en ghettos y sin derecho a la documentación y el trabajo. No digo que estaría a favor de esto pero si los que estuvieran atacando a Israel ahora fueran los refugiados palestinos de Líbano a quien a diferencia de los palestinos en Israel (más de un millón) y a los de Jordania, se les negó cualquier salida laboral o ciudadana sería más entendible para mi. Son descendientes de refugiados que fueron desde lo que es Israel a Beirut en 1948 y tienen una relación histórica clara con el territorio palestino. Pero que Líbano siga teniendo encerrado a los Palestinos y sean los chiitas, que no tienen ningún derecho histórico hacia Israel, los que están atacando a Israel demuestra para mi que esta guerra es directamente un ataque de Irán hacia Israel via Hizbolá y no un movimiento de liberación. Además las armas que se están usando no son solo cohetes. También está la guerra de relaciones públicas con fotos falsas cosa totalmente innecesaria por parte de Hizbolá ya que hay suficiente sufrimiento genuino causado por los exagerados y tristes bombardeos por parte de Israel para además hacer cosas así.

Como ultimo detalle cuento que en Beirut el desprecio a los palestinos es tan grande que hay una discoteca construida en el sitio donde cristianos masacraron a palestinos cuyo tema es la muerte (la discoteca es toda una gran tumba) donde a mi me llevaron a bailar cuando estuve de visita. Me fuí horrorizado de ese tétrico lugar. Cuando pedí explicaciones sobre esto me dijeron que tanto los cristianos como los musulmanes culpan a los palestinos de haber empezado la guerra del Líbano que resultó en la muerte de 200 mil personas, el 7% de la población. Siendo judío esto me sonó al típico chivo expiatorio en el que el que no tiene la culpa recibe la culpa. Creo que lo más terrible de Medio Oriente hoy en día es que no hay buenos y malos controlando la situación. Más bien diría que hay malos y malos y por eso las cosas están así.

Publicado en Política Internacional el 7 agosto, 2006 | # Permalink | Comentarios desactivados en El Problema de Israel, Líbano, Hizbolá y los Palestinos | TrackBack