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Debate a George W Bush desde Safe Democracy

El 16 de Abril, Bush reunió a distintas organizaciones y representantes políticos en el East Room de la Casa Blanca y dio un discurso reiterando al Congreso y la ciudadanía en general, la necesidad de asignar fondos suplementarios a la guerra de Irak. Hasta el momento, Estados Unidos ha gastado un total de 379 mil millones de dólares en Irak y Bush ha pedido 100 mil millones adicionales. Además, de aceptarse su solicitud, el personal militar (que suma un promedio de 170 mil hombres) sería también reforzado con un total de al menos 21 mil personas más. Lo que sigue es un artículo en profundidad en el que uno los argumentos de algunos escritores de Safe Democracy a los míos para debatir la postura del presidente de Estados Unidos. Este artículo es recomendable para gente interesada en política exterior.

El escenario en el que se enmarca este discurso es el de un Congreso que, atravesado por las distintas posturas de Republicanos (en un 64% a favor) y Demócratas (en un 90% en contra) ante esta guerra, intenta encontrar un equilibrio entre el apoyo a las tropas que ya están en Irak y una salida a esta situación que muchos han calificado como un nuevo Vietnam. Pero, en tanto estas acciones son irreconciliables, el Congreso ha demorado más de dos meses en dar una respuesta a la Presidencia, para luego correr la decisión para después del receso de legislativo. El discurso de Bush apunta entonces a acelerar el proceso decisorio y la asignación de los fondos y las tropas.

Sin embargo, no creo que este discurso tenga éxito alguno en quienes están en contra o dudan sobre la utilidad de esta guerra. Básicamente, porque los argumentos no son lo suficientemente sólidos. Bush quiere evitar la humillación y proteger el prestigio y la imagen mundial de Estados Unidos (y la suya propia) y, aunque los hechos demuestren el fracaso de la política escogida, parece que encontrar otro camino para enfrentar el desastre iraquí que refugiarse en el empecinamiento.

A continuación, explico por qué estoy en contra de tres de los argumentos que dio Bush en su discurso del 16 de Abril.
1. Existe una clara señal de que muchos en Estados Unidos apoyan a las tropas americanas.

Bush se refiere aquí a un sentimiento que es claramente compartido por todos los americanos: el apoyo a los soldados que están librando esta guerra. Sin embargo, como lo demuestra el debate en el mismo Congreso, no debe confundirse el sentimiento de apoyo a quienes se encuentran en tan espantosa situación con el apoyo a la guerra en Irak. En este sentido, lejos de lo que quiere dar a entender Bush, la única señal clara es que si bien la opinión de los americanos todavía está muy dividida, el porcentaje de quienes creen que esta guerra ha sido un error crece notoriamente.

Tal como muestran los datos de USA Today/Gallup Poll, mientras que en 2003 el 75% de la población pensaba que ir a la guerra no era un error, hoy quienes mantienen esta postura suman el 41%. Y el porcentaje de quienes piensan que ha sido claramente un error se ha incrementado en estas fechas entre un 23% en 2003 y un 57% en 2007. Incluso, de acuerdo con las medidas propuestas en el Congreso, el 57% de los americanos opina que antes que dejar las tropas americanas en Irak, lo mejor es establecer una fecha de retirada independientemente del curso que tomen los acontecimientos.
Otra demostración de que el apoyo a la guerra de Irak está lejos de ser tan claro ha sido el triunfo arrollador del Partido Demócrata en las pasadas elecciones legislativas, en la que los republicanos perdieron 29 escaños en la Cámara de Representantes – seis Estados y 5 asientos en el Senado. Según los analistas, esta victoria se debió a un “voto de castigo” por parte del electorado estadounidense fundamentado en los errores de la guerra de Irak. Como explica Ciro Di COnstanzo, la guerra iraquí comenzó a desfondar dividendos electorales desde el mismo momento en el que se declaró oficialmente que no había armas de destrucción masiva en Irak y que no existía relación alguna entre Osama Bin Laden (Al-Qaeda) y el ex dictador Saddam Hussein (razones principales que dieron origen a la invasión). Posteriormente, la desaprobación generalizada del electorado estadounidense hacia el manejo de la guerra en Irak cobró su primera víctima política: la cabeza del Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, principal arquitecto de la invasión en Irak, quien fue sustituido por el ex director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), Robert Gates.
2. Las tropas americanas necesitan recursos, equipo y armamento para pelear contra sus enemigos (…) la única forma de frenarlos es permanecer en la ofensiva.

En un interesante artículo para Safe Democracy, Ricardo Israel Zipper compara el escenario de Estados Unidos en Irak con la experiencia de Francia en Argelia. Entre otras cosas, porque ambos gobiernos – el francés y el americano – confiaron más en la fuerza que en la búsqueda de fórmulas de entendimientos con todos los sectores políticos. Y en el incremento de tropas como medida capaz de infringir el suficiente daño como para forzar a los combatientes a aceptar algún tipo de acuerdo. Sin embargo, como en Argelia, el fracaso de este tipo de medidas es evidente en Irak. En este sentido: la estrategia ofensiva no es la única estrategia ni es una estrategia eficiente en la resolución del conflicto americano- iraquí.

Esto quedó claramente demostrado cuando el ejército se encontró con que no tenía ninguna estrategia preparada para combatir a la insurgencia después de la invasión. Tres años después de haber iniciado el conflicto, habían muerto más de dos mil soldados estadounidenses y las fuerzas habían sido incapaces de garantizar la seguridad en el territorio, que se había convertido en un santuario para terroristas (cosa que no era antes) y estaba borde de la guerra civil. Como explica Rafael Moreno (para Safe Democracy), tan evidente fue esta debilidad estratégica que Bush decidió cambiar rápidamente de rumbo y contratar Peatraus, quien se ha convertido el nuevo gurú de la guerra de guerrillas.

Peatraus ha escrito la nueva “Biblia” de Irak: el FM 3-24, un nuevo Manual de Lucha Contrainsurgencia de Estados Unidos. Este texto, fruto de las lecciones aprendidas de Afganistán y otras invasiones, afirma como filosofía básica que la primera equivocación en la lucha contra la insurgencia es pensar que el objetivo es “matar al enemigo” en vez de asegurar la colaboración y la convivencia de la población. Petraeus es partidario de aislar a los rebeldes ganando el corazón de la población local satisfaciendo sus necesidades básicas: seguridad, empleo, reconstrucción y democracia.

Queda claro entonces, incluso para el mismo Bush, que la ofensiva no es la única estrategia posible. Y, menos aún, la más exitosa. Es notorio, sin embargo, como con el fin de conseguir los fondos que le permitan continuar con su misión imposible, es capaz de obviar su propio aprendizaje: que el énfasis debe estar en restaurar un ambiente de seguridad y no en la opresión.
3. Si Estados Unidos no vence a los terroristas y extremistas de Irak, ellos no dejarán en paz al pueblo americano – lo seguirán hasta su país.

A pesar de sus horrorosas consecuencias, no está clara la conexión entre los miembros de al-Qaeda e Irak en los atentados del 11 de Septiembre. Más aún, se ha comprobado que el Departamento de Defensa de Estados Unidos utilizó fuentes e informaciones cuestionables para elaborar sus informes secretos de cara a los preparativos para la guerra de Irak. Que las informaciones del servicio secreto sobre las relaciones entre Bagdad y Al Qaeda fueron manipuladas por altos funcionarios para poder apoyar la decisión del gobierno de invadir Irak. Han surgido, además, distintas posturas sobre los motivos que originaron estos monstruosos ataques.

George Friedman, particularmente, ha puesto en tela de juicio el argumento de que los atentados se realizaron en contra de Estados Unidos o los valores occidentales. Según el autor, el verdadero objetivo de los ataques terroristas contra Estados Unidos de 2001 no era la nación norteamericana, sino la población islámica en su conjunto. Friedman afirma que Al Qaeda no estaba motivada por un odio hacia EUA, la cultura norteamericana o la democracia de ese país, sino que buscaba ganar credibilidad en el mundo islámico al asestar un fuerte y muy visible golpe a la potencia más prominente del mundo. Es decir, que lo que Al Qaeda perseguía con esos atentados era golpear a una nación muy poderosa, además de soporte importante de muchas de las dictaduras árabes, con el objeto de que ganara credibilidad su idea de constituir una nación islámica en el Medio Oriente.

Friedam sostiene que, desde un punto de vista estratégico, Al Qaeda partía de la premisa de que EUA era vulnerable porque su credibilidad en el mundo árabe era muy baja. No sólo por sus fallidas incursiones en lugares como Somalia y Líbano, sino también por su fracaso al no haber tumbado a Sadam Hussein. Desde esta perspectiva, Al Qaeda confiaba en humillar a los norteamericanos frente al mundo árabe, suponiendo erróneamente que, siguiendo la lógica de atentados que habían tenido lugar en la década previa, Estados Unidos no respondería más que con una serie de ataques menores e intrascendentes.

Y es que, en su lucha contra el extremismo, el propio Estados Unidos se ha vuelto extremista. Esta guerra, que ha costado al pueblo americano algo así como 300.000 millones de dólares y descarrilado el déficit público, no ha hecho del mundo un lugar más seguro sino que, por el contrario, ha disparado los eventos terroristas en el mundo como nunca antes se había visto. Según las propias cifras oficiales del Departamento de Estado de Estados Unidos, la lucha antiterrorista promovida por este país, en vez de provocar una reducción de las actividades y actos terroristas, ha producido su eclosión.

Como explica Augusto Zamora (para Safe Democracy), aunque Estados Unidos puede apuntarse como su mayor éxito haber impedido la comisión de nuevos atentados en territorio estadounidense, fuera de Estados Unidos los efectos han sido desoladores. Según el informe anual del Departamento de Estado sobre terrorismo en el mundo, publicado en abril de 2006, en 2005 se produjeron unos 11.000 ataques terroristas a nivel internacional, provocando la muerte de 14.600 personas. Por lo que si se considera que en 2004 se registraron 651 atentados terroristas significativos, con resultado de 1.907 víctimas mortales, el informe de 2006 multiplica por veintitrés el número de ataques terroristas y por ocho el número de víctimas.

Como agrega Zamora, la lucha antiterrorista ha llevado también, en Estados Unidos y otros países, a aprobar leyes que violan gravemente los fundamentos más sagrados de los derechos humanos. La lista de violaciones es extensa, pero deben mencionarse la Patriot Act, campos de concentración como el de Guantánamo, el establecimiento de cárceles secretas, el secuestro de sospechosos y la reducción de las libertades fundamentales. Según han denunciado Amnistía Internacional, el Parlamento Europeo y distintos órganos de Naciones Unidas, la lucha antiterrorista está sirviendo de pretexto para que Estados Unidos vulnere esos derechos, en demasiados casos con consecuencias letales.
Discurso del Presidente de Estados Unidos, el día 16 de Abril (en inglés).

Publicado el 25 abril, 2007