Proyectos

Educ.ar

Artículos por Temas

Fundación Varsavsky
Avenida Bruselas 7, Planta 3
28100 Alcobendas
Madrid, Spain


El blog político de un emprendedor social


Rusia: ¿Economía Energética o Basurero Nuclear?

En El País de hoy salió un artículo sobre la construcción por parte de Rusia de la primera planta nuclear flotante del mundo. Este desarrollo tiene importantes consecuencias políticas, ecológicas y técnicas, y puede consolidar a Rusia como un “superpoder energético”.

planta.jpg

Rusia es el único país del mundo que posee una flota de buques nucleares para fines civiles. Desde hace más de 40 años, sus rompehielos son propulsados con reactores nucleares y su tecnología ha alcanzado avances de nivel mundial. Hoy Rusia quiere aprovechar este potencial científico, técnico e industrial en el sector de energía atómica para fines civiles. Específicamente: para producir energía y calor con fines comerciales.

En el marco del proyecto, “Economía energética eficaz para el período de entre 2002 y 2005 y hasta 2010”, Rusia quiere desarrollar centrales nucleares de pequeña y mediana potencia que se adapten al consumidor. Éstas serían muy útiles, por ejemplo, en las regiones de Siberia y del Lejano Oriente ruso, las que están desconectadas de la red general y donde las tecnologías de “gran potencia” son inaceptables por razones económicas (alto coste y largos plazos de construcción). Permitirían, además, exportar energía, asistir a otros países durante crisis energéticas y producir y vender este tipo de tecnología.

El artículo del El País se refiere al producto más promisorio de este proyecto: el grupo generador flotante, que se compone de un generador y una turbina de vapor que se montan en una barcaza de remolque o en pontones. Rusia ha comenzado a construir el primer generador de este tipo, que estará en funcionamiento en 2010 y suministrará electricidad a los astilleros de Severodvinsk, un puerto situado a orillas del mar Blanco en el norte de la parte europea de Rusia.

Esta central flotante tendrá 144,2 metros de largo y 30 metros ancho y estará dotada de dos reactores nucleares KLT-40S (usados anteriormente para propulsar rompehielos) con una potencia de 70 megavatios. Suministrará energía eléctrica a una ciudad de un cuarto de millón de habitantes y también podrá utilizarse para deshelar agua y proveer calefacción. Si bien utilizará uranio poco enriquecido (5%), enriquecerá el uranio en menos del 20%, con lo que no violará los acuerdos de Rusia con el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Le permitirá a Rusia ahorrar 200.000 toneladas de carbón y 100.000 de petróleo anualmente.

Su funcionamiento es muy simple: en las aguas ribereñas, cerca del objetivo al que se debe proveer de energía (ciudad, poblado, empresa), se escoge un lugar adecuado para el amarre del bloque energético flotante que llega a este lugar remolcado. En la costa se dispone de una respectiva infraestructura compacta – transformadores, pompas, puntos de distribución de calor, etc. – y la central se pone en marcha APRA cumplir su misión. Después de cumplido el trabajo encomendado, la central leva anclas y se va.

La planta almacenará los desperdicios y consumirá combustible fósil en una instalación a bordo que los trabajadores vaciarán cada 10 o 12 años durante los preestablecidos períodos regulares de mantenimiento. Tras unos 40 años (el plazo de vida normal de una central nuclear), ésta será desmantelada y reemplazada por una nueva; el reactor y el combustible almacenados irán a una zona de desechos y la barcaza será reciclada

Tal como explica el artículo de El País, las organizaciones de defensa del medio ambiente advierten sobre la construcción de este tipo de plantas porque lo encuentran más vulnerable que las plantas terrestres a los accidentes (una simple tormenta podría provocar un desastre ecológico de consecuencias inimaginables) y al terrorismo (Greenpeace se refiere a ellas como auténticas “bombas de relojería”, ya que almacenan casi una tonelada de uranio). Dicen, además, que debido a su ubicación, son muy difíciles de controlar si existen escapes radioactivos.

Los rusos, sin embargo, afirman que los reactores KLT-40S son una fuente de energía “limpia desde el punto de vista ecológico y altamente fiable”, pues en todos los años de explotación en la flota de rompehielos no se ha registrado ni un solo caso de irradiación de operarios. Además, han incorporado diversos dispositivos de seguridad en el diseño de las plantas. Entre los que se encuentran mecanismos de identificación de huellas digitales y de iris, detectores de buzos y extremas medidas de protección de los reactores (por ejemplo: éstos no se dañan ni siquiera si cae un Boeing sobre la base).

Todos conocemos el historial de accidentes navales y nucleares de Rusia y la antigua Unión Soviética, pero lo cierto es que estas plantas pueden colocar a Rusia en la vanguardia energética mundial y la consolidarla como “superpoder energético”. Rusia controla la mayor reserva de Eurasia de gas natural y carbón, así como enormes reservas de petróleo y uranio. Ahora, con este tipo de innovaciones, da otro paso hacia adelante. Ante el lento desarrollo de las energías alternativas y la creciente dependencia energética de la Unión Europea, Rusia puede convertir su experiencia científico- técnica y su capacidad industrial para transformar un modelo energético “vulnerable, sucio y caro” en otro “seguro, limpio y más barato”.

En 1968 EEUU puso en marcha un proyecto similar: una central flotante (Surgis) en el Canal de Panamá. Pero la desguazó en 1976 por el alto coste del mantenimiento. La diferencia del caso ruso es que cuenta con una importante ventaja a su favor: la experiencia acumulada y la infraestructura de los servicios de mantenimiento de los buques nucleares permiten reducir al mínimo los gastos de mantenimiento técnico de los grupos generadores flotantes y rebajar los requisitos sobre el nivel de calificación de la mano de obra local. Esta experiencia permite, además, desarrollar los grupos generadores en un plazo relativamente corto (unos tres años), para que seguidamente las empresas rusas procedan a construirlo – para lo cual necesitarían 4 ó 5 años.

Lo paradójico es que Rusia puede lograr esto en gran parte debido a que es uno de los lugares más contaminados del mundo. Rusia está calificada por numerosos ecologistas como un basurero nuclear y es justamente esta condición la que promueve este tipo de innovaciones. En el año 2000, la Cámara baja del Parlamento, aprobó por mayoría la importación de residuos nucleares bajo el siguiente argumento: “si de todas maneras ya somos un basurero nuclear, importemos más basura para al menos ganar dinero que nos permita paliar los efectos de nuestras propias actividades atómicas”. De esta forma, los legisladores promovieron un sistema en el que el dinero que se obtiene de la importación de combustible nuclear utilizado (CNU) se destina a la construcción de plantas de reprocesamiento y depósitos (algo vital para Rusia, ya que los que tiene están repletos), el saneamiento de las zonas contaminadas y el procesamiento de combustible nuclear.

¿Podrá Rusia a partir de este modelo alcanzar una economía energética eficaz? Ciertamente, esto será posible únicamente en la medida en que el gobierno cumpla con las leyes que ha votado, combata los niveles de corrupción reinantes y actúe eficiente y responsablemente respecto a la seguridad de las centrales que construya. En ese caso, estaría reciclando los desperdicios de un modelo obsoleto en una tecnología que (si bien no es la mejor opción) reduce la dependencia del petróleo y el gas natural, no emite dióxido de carbono, permite cubrir las necesidades crecientes de electricidad y es barata.

Mientras tanto, de funcionar exitosamente este tipo de innovaciones, Rusia podría también exportar energía nuclear a otros países, e incluso utilizar las nuevas plantas flotantes en emergencias energéticas locales e internacionales. Rusia baraja incluso la posibilidad de exportar en un futuro plantas nucleares flotantes de pequeño tamaño, con una potencia de 3 megavatios y un coste de 20 millones de dólares. Ya hay conversaciones en marcha con países de Asia y África para la venta de centrales atómicas flotantes, que pueden ser empleadas como desalinizadoras. Y Argentina, China, Indonesia, Malasia y Argelia también se mostrado como compradores potenciales. Otra posibilidad que se plantea es la creación de un consorcio internacional con la participación de distintos países del mundo. Porque si bien la tecnología nuclear quedará bajo el control ruso, en la construcción de centrales nucleares flotantes pueden participar Estados que cuentan una desarrollada industria de construcción de instalaciones energéticas y disponen de suficientes capacidades de producción para construir barcazas de gran tonelaje.

Agradezco a Maria Frick por su colaboración en este artículo.

Publicado el 19 abril, 2007