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El blog político de un emprendedor social


Las Mujeres Saudíes

Las mujeres saudíes están muy limitadas en su vida cotidiana y cuentan con casi nulos derechos políticos y sociales. Sin embargo, me resulta especialmente paradójico que las voces que más fuerte claman por la modificación de su situación no sean políticas sino religiosas. Y, aún más, que estas voces no pidan un mejoramiento de su condición de vida sino que reclamen una mayor rigurosidad en su cumplimiento del Islam.

En Arabia Saudita, las mujeres son la mayoría de la población, pero sus derechos están fuertemente limitados. No tienen libertad para elegir su carrera universitaria, tampoco pueden votar, viajar sin autorización del marido o de un tutor masculino, ni recibir atención médica en un hospital sin la aprobación del marido o familiar masculino. En las escuelas están separadas de los hombres y en algunas instituciones superiores ven a su profesor a través de circuitos cerrados de televisión. Hasta hace poco tiempo no tenían ningún documento de identidad y eran “incluidas” en los pasaportes de sus maridos. Tampoco pueden conducir vehículos ni trabajar en la mayoría de las dependencias del Estado. Y aunque obtengan empleo en el sector privado, lo usual es que se las ubique en un espacio físico separado del destinado a los hombres. Por motivos religiosos, están obligadas – además – a cubrirse el cabello con un velo negro y vestir abaya (de tela negra también negra, que cubre del cuello a los tobillos).

Esta situación parece estar cambiando: en 1964, no se permitía a las mujeres sauditas ir a la escuela y hoy el 55% de los universitarios son mujeres y el empleo femenino es un tema de la agenda pública. Además, el 70% de la población considera prioritario mejorar los derechos de las mujeres. Pero, este cambio es lento y poco visible, por lo que las mujeres árabes se encuentran todavía muy rezagadas en cuanto a la posibilidad de vivir una vida plena como la que viven la mayoría de las mujeres en Occidente.

Lo que más me preocupa es que la condición de vida de las mujeres árabes puede no cambiar por mucho tiempo. Porque la oposición más fuerte a su situación no viene de las fuerzas políticas democráticas (representadas en ocasiones por la familia real) sino de los grupos religiosos conservadores que creen que Arabia Saudita debe fortalecer su aspecto religioso. Estos grupos quieren destronar a la familia real (a la que consideran corrupta, represora y occidentalizada) y reemplazarla por un gobierno que institucionalice las leyes y prácticas sociales islámicas. Ya sea porque Arabia Saudita es el centro simbólico del mundo musulmán o porque es el punto de partida para establecer un reino o Califato pan-Islámico – tal como aspira el grupo extremista Al- Qaeda.

Lo cierto es que mientras que la familia real está concentrada en mantener su poder haciendo alianzas con Estados Unidos y a veces con los grupos extremistas, las mujeres salen perdiendo. La corona no puede ceder ni enfrentarse ante las fuerzas religiosas, por lo que todo intento de modernización democrática queda empantanado en un complejo tejido de intereses encontrados. Las mujeres saudíes viven así en un régimen conservador que no presenta por el momento ninguna posibilidad de cambio sino que es probable que continúe ahogando todo intento de modernización. Lo paradójico es que, como sostiene la feminista saudí Samar Fatani, la mayoría de las mujeres saudíes no buscan necesariamente la modernización religiosa sino que aspiran a poseer ciertos derechos políticos y sociales básicos. Es entonces su propia religiosidad la que está saboteando su condición política y social. Son los mismos grupos religiosos a los que pertenecen los se oponen a su búsqueda de una forma de vida más libre, responsable y autónoma.

Publicado el 28 abril, 2007